Ha pasado el tiempo de pedirnos su confianza, de hacernos saber que tienen la clave, las soluciones, las herramientas y la gestión perfecta para hacer de nuestras ciudades y pueblos unos lugares dignos de vivir y trabajar en ellos.
Ahora ese tiempo ha pasado, estamos en un tiempo de espera, de tensa calma; las luces, los mensajes, el acercamiento a nuestros problemas e inquietudes se ha cambiado por el silencio. Bueno a excepción de Rubalcaba que acaba de comenzar su "campaña", por cierto en un Falcon de las FFAA para uso del partido.
Están casi todos reunidos en conclave, con el secreto que eso conlleva, y nosotros esperando la fumata bianca y tan ansiado grito de "habemus pactus". Porque no están reunidos para analizar los resultados, son los que son; están encerrados a ver que hacen con los votos que les hemos dado. Porque esa es la realidad en todos los lugares en los cuales uno, dos o tres futuros concejales son la llave para formar gobierno. Es el tiempo de pensar qué le doy y a quién a cambio de qué.
Ya no contamos, nuestro trabajo terminó el 22-M, nuestras ilusiones y esperanzas en están en manos de unos pocos que harán valer su llave para la gobernabilidad arañando concejalías punteras que les sirvan de escaparate futuro; buscando puestos claves en los consejos de dirección de las empresas municipales para ellos o para sus acólitos. Y ojo no nos olvidemos de las diputaciones cuyo gobierno no está claro, ahí va un paquetito curioso.
Porque en este tiempo de espera no se debate quién tiene un programa parecido o con varios puntos en común con el mío, que es por lo que hemos votado, a un programa; la razón de esos votos conseguidos. Si no quién me va a hacer menos daño en el gobierno durante estos cuatro años, sin hacerme sombra para no joderme en las próximas elecciones, y, si encima no tengo que esforzarme en los plenos, mejor.
Pero que tranquilidad se respira en este tiempo de espera. Al menos nos hemos enterado que para ser concejal en Madrid no hace falta coche oficial.
Ahora ese tiempo ha pasado, estamos en un tiempo de espera, de tensa calma; las luces, los mensajes, el acercamiento a nuestros problemas e inquietudes se ha cambiado por el silencio. Bueno a excepción de Rubalcaba que acaba de comenzar su "campaña", por cierto en un Falcon de las FFAA para uso del partido.
Están casi todos reunidos en conclave, con el secreto que eso conlleva, y nosotros esperando la fumata bianca y tan ansiado grito de "habemus pactus". Porque no están reunidos para analizar los resultados, son los que son; están encerrados a ver que hacen con los votos que les hemos dado. Porque esa es la realidad en todos los lugares en los cuales uno, dos o tres futuros concejales son la llave para formar gobierno. Es el tiempo de pensar qué le doy y a quién a cambio de qué.
Ya no contamos, nuestro trabajo terminó el 22-M, nuestras ilusiones y esperanzas en están en manos de unos pocos que harán valer su llave para la gobernabilidad arañando concejalías punteras que les sirvan de escaparate futuro; buscando puestos claves en los consejos de dirección de las empresas municipales para ellos o para sus acólitos. Y ojo no nos olvidemos de las diputaciones cuyo gobierno no está claro, ahí va un paquetito curioso.
Porque en este tiempo de espera no se debate quién tiene un programa parecido o con varios puntos en común con el mío, que es por lo que hemos votado, a un programa; la razón de esos votos conseguidos. Si no quién me va a hacer menos daño en el gobierno durante estos cuatro años, sin hacerme sombra para no joderme en las próximas elecciones, y, si encima no tengo que esforzarme en los plenos, mejor.
Pero que tranquilidad se respira en este tiempo de espera. Al menos nos hemos enterado que para ser concejal en Madrid no hace falta coche oficial.
No hay comentarios:
Publicar un comentario