lunes, 16 de enero de 2012

La Señora Rosario

La Señora Rosario es muy mayor, 79 años; con esa edad ve la cosas desde una perspectiva diferente a como la podamos ver nosotros. Cada vez doy mayor importancia a las cosas que cuenta y su forma de enfrentar la vida que le queda por delante, no sólo le escucho más a ella, también cada vez más a mi madre y en general a todas esas personas que han pasado por una serie de dificultades a lo largo de su dilatada vida, en especial en la llamada época del hambre. Todas ellas hijas de la posguerra, con esa experiencia es normal que contemplen todo lo que nos está pasando ahora con la serenidad justa para enfrentarse a estos tiempos.
Son ellas, que han tenido poco o nada, las que encuentran los recursos necesarios para ayudar a sus hijos y nietos de una simple pensión, las que siempre tienen algo en la despensa para hacer un puchero sabroso, las que conocen el valor del ahorrar y no gastar más de lo que tienes, las que dan una sonrisa con los buenos  días y para ellas son buenos aunque truene, las que saludan a todo el barrio y se conocen los nombres de todos los niños sin faltarles una mirada de ternura al verlos; al tiempo que te dicen cuídalos con el conocimiento de lo necesidad de hacerlo. Cuanto debemos de aprender de ellas, cuanto nos hemos olvidado de su ejemplo, de dejarnos enseñar por ellas y sobre todo de disfrutar y dar gracias de lo que tenemos, aunque sea poco, muy poco.
Esta mañana temprano he visto de lejos, al otro lado de la calle, su pelo canoso, su forma de andar echada hacia delante, encorvada por el paso del tiempo y esa sonrisa que nunca le abandona; seguro que iba a comprar para un regimiento, "su regimiento". Me han asaltado tantos pensamientos por mi cabeza que he cruzado en su busca para darle un beso y gran abrazo, al hacerlo estaba también abrazando a mi madre, mi tía Ani, mi tía Reme, mi tía Paquí, mi tía Pepi, mi pobre tía Mari, a la madre de Serafo, a la de Koji........
Y sonriendo me ha dicho: "hoy me has alegrado el día".
Y usted y otras tantas como usted, Señora Rosario, nos lo alegran siempre.

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