jueves, 1 de diciembre de 2011

La Barbacoa y el Flamenquín (un relato de terror)

Hoy he participado por primera vez en una terapia de grupo personalizada, y digo personalizada porque la única persona que ha contado sus mierdas he sido yo; al menos me gustaría pensar que tengo una conversación interesante, pues de lo contrario le veo poco sentido. Resulta curioso que sacar lo peor de tí pueda hacerte sentir mejor. Bueno a lo que iba; como la cosa ha ido de rebuscar en el pasado he recordado una historia ocurrida hace bastantes años; ahora, viéndola con el paso del tiempo puede tener hasta gracia, sin embargo en ese momento fue terrorífica, sobre todo para las personas involucradas.
Para evitar herir sensibilidades de las personas afectadas y de paso una demanda (espero que llegado el caso mi buen amigo José Luis me pueda sacar del apuro, una vez más), no daré nombres sólo iniciales.
Entonces, en esa noche a mediados de verano en 19.... se celebraba una barbacoa, digamos que en la parte trasera de Cortadura, y adentrada la noche, un joven y casi inexperto J.M. tras un largo tonteo con la no menos joven y nada inexperta E.M.Z. o Z.E.M. ..., bueno seguro que él era J.M.; decidieron que lo mejor en esos momentos, tras acabar de apurar los restos de varios calimochos, era el ideal para dejar el tonteo y pasar directamente a la tontería. Para ello buscaron un lugar lo suficientemente alejado, con algunas comodidades y buena visión, por si llegado el caso hubiera que buscar la excusa perfecta ante terceros. Encontrado el lugar, una hondonada arenosa arropada por las dunas y teniendo por colchón la fina y sedosa arena del lugar, dieron rienda suelta a la pasión, a la cual toda la noche le habían puesto freno (freno+calimochos) y tras el ritual previo, ya despojados de gran parte de sus ropas sobre todo de cintura para abajo, J.M. .... entró en ella.... .
Pasados unos breves instantes los ojos de M.Z.E. se clavaron petrificados en los J.M. y en susurro sólo perceptible para ellos dos le preguntó:
 "¿Qué se supone que estás haciendo?.
 Él nublado por la duda y algo más por el alcohol, le contestó: "Follando tengo entendido".
E.Z.M. echando la cabeza hacia atrás a la vez que contorsionaba su pelvis soltó con voz cavernosa: "Conmigo seguro que no".
En ese instante la brisa se paró de manera extraña y repentina; un escalofrío eléctrico recorrió la espalda de J.M.; que incorporándose sobre sus rodillas y bajando la vista pudo comprobar que su miembro viril estaba maltrecho y completamente...... embadurnado de fina y sedosa arena!!!
No sé como acabó realmente la historia, he escuchado varias versiones y todas, os puedo asegurar, acaban mal.
Sólo sé que J.M. después de aquella noche jamás ha vuelto a probar un Flamenquín.

No hay comentarios:

Publicar un comentario